EL ARTE Y EL EXISTENCIALISMO
Ambas comparten una raíz profunda que surgen de la necesidad: ambos surgen de la necesidad humana de dar sentido a la existencia en un mundo que no lo ofrece por sí mismo. Jean Paul Sartre afirmó que “el hombre está condenado a ser libre”, y esa libertad sin guía contiene tanto la angustia, como la posibilidad de crear. El arte se convierte, entonces, en un acto de afirmación frente al vacío: una manera de construir significado allí donde no lo hay.
Albert Camus, en El mito de Sísifo, escribió que “crear es vivir dos veces”. El artista, consciente del absurdo, no huye de él, sino que lo transforma. Su obra no es una evasión sino una rebelión, una forma de decir sí a la vida incluso en su sinsentido. Cada pintura, poema o escultura es una respuesta íntima al absurdo, una prueba de que la conciencia del vacío puede volverse fuente de belleza.
Para Martin Heidegger, en El origen de la obra de arte, el arte revela el ser, abre un espacio donde la verdad acontece. El artista, al crear, deja que el mundo se manifieste de otro modo, liberando lo que el pensamiento lógico no alcanza a nombrar. Así, el arte se vuelve una forma de conocimiento ontológico: una manera de “habitar poéticamente el mundo”, como diría Hölderlin (poeta romántico alemán).
Siguiendo a Nietzsche, podríamos decir que el arte es la más vital de las respuestas al nihilismo: una afirmación apasionada de la existencia a pesar del dolor, la contradicción y la finitud. En ese gesto creador, el artista se convierte en filósofo y testigo; su obra, en un espejo donde el ser humano se reencuentra con su libertad.
Carolina Ramos / @carolinaramos_art
www.carolina-ramos.com
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