NO SE TRATA DE GÉNERO. SE TRATA DE CARÁCTER

NO SE TRATA DE GÉNERO. SE TRATA DE CARÁCTER

En el taller hay momentos en los que hace falta fuerza y otros en los que todo depende de la precisión. Un golpe de más puede alterar una forma; unos milímetros pueden cambiar por completo una pieza. La orfebrería me recuerda constantemente algo que también observo en la imagen personal: tener carácter no significa imponerse, sino saber quién eres y expresarlo con seguridad.

Durante mucho tiempo asociamos determinadas formas, materiales y accesorios con lo masculino o lo femenino: líneas contundentes para unos, diseños delicados para otros. Sin embargo, esas fronteras pueden limitar lo más interesante: elegir aquello que realmente nos representa.

Algunas personas construyen presencia desde la sobriedad; otras, desde propuestas más expresivas. La diferencia está en la coherencia entre lo que elegimos y quiénes somos.

Como orfebre, esa idea está presente cada vez que trabajo un material. El metal puede parecer rígido, pero transformarlo no depende solo de la fuerza. Requiere observación, medida y saber cuándo detenerse. Firmeza y sensibilidad pueden convivir en una misma pieza.

Un diseño adquiere sentido cuando conecta con el estilo y la personalidad de quien lo lleva. Nuestra imagen también se construye a partir de elecciones que comunican; incluso las más sutiles pueden decir mucho de nosotros antes de que pronunciemos una palabra.

Por eso, cuando hablo de joyas que visten, pienso en piezas que acompañan una identidad, aportan presencia y se integran a una manera personal de mostrarnos al mundo.

Encontrar nuestro propio lenguaje y tener la seguridad de sostenerlo: eso es carácter.

¿Qué hace, para ti, que una pieza tenga carácter?

Luciana Dubini / @lucianadubini

Orfebre, Escultora y Asesora de imagen

Sin comentarios

Escribir comentario