LA IMAGEN EN TIEMPOS DE EXPOSICIÓN
Nuestra manera de mirarnos ha cambiado. Lo que antes parecía pertenecer únicamente a quienes tenían una vida pública, hoy forma parte de la cotidianeidad de casi todos. Estamos más expuestos a la mirada de los demás, pero también a la nuestra, cada vez más exigente y acostumbrada a la comparación. El verdadero problema, quizás, no sea mostrarnos, sino permitir que esa dinámica termine modificando la forma en que nos vemos y nos valoramos.
Nunca habíamos tenido tantas herramientas para controlar cómo nos vemos y, sin embargo, cada vez más personas se sienten inseguras con su apariencia. Queremos vernos mejor, pero, en esa búsqueda, corremos el riesgo de alejarnos de nosotros mismos.
En mi oficio de orfebre aprendí que pulir una pieza no significa cambiar su esencia. El trabajo consiste en descubrir su mejor expresión, respetando el material, su forma y aquello que la hace única. Con las personas ocurre algo parecido: mejorar no debería significar transformarnos hasta dejar de reconocernos.
Vivimos en una época en la que llamar la atención parece haberse convertido en una meta. Las redes sociales nos muestran nuevas tendencias cada día y nos invitan constantemente a cambiar, destacar y reinventarnos. Sin embargo, en medio de tantos estímulos, la verdadera diferencia podría estar justamente en no sentir la necesidad de demostrar todo el tiempo.
Como asesora de imagen, hay una inquietud que escucho con frecuencia en mis consultas: cómo sentirse más seguro de la propia imagen sin dejar de ser uno mismo. Y creo que ahí está el verdadero punto de partida. Vestirse bien no consiste en seguir reglas ni en usar únicamente lo que está de moda. Una buena imagen comienza cuando dejamos de preguntarnos solo, ¿cómo me veo?, y empezamos a preguntarnos, ¿qué estoy comunicando?.
Trabajar la imagen personal no debería significar perseguir una versión perfecta de nosotros mismos, sino reconocer quiénes somos y qué queremos expresar. La ropa, los colores, los accesorios y las joyas pueden acompañar esa expresión, pero no deberían convertirse en una carrera por alcanzar un ideal imposible de sostener.
Tal vez el verdadero desafío sea construir nuestra imagen desde un lugar más consciente y menos condicionado por la mirada externa. Elegir aquello que realmente nos representa, aceptar que estamos en constante evolución y comprender que mejorar nuestra imagen no debería alejarnos de quienes somos, sino ayudarnos a expresarnos con mayor claridad.
En un mundo donde el parecer adquiere cada vez más importancia, vale la pena preguntarnos:
¿cuánto de lo que mostramos realmente nos representa?
Luciana Dubini / @lucianadubini
Orfebre, Escultora y Asesora de imagen
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